De vuelta después de un largo receso por éstos lados, pero con nuevas experiencias y anécdotas que compartir con todos los emprendedores de habla hispana, he decido abrir esta nueva etapa con una situación personal a nivel profesional que me ha despertado sin duda la necesidad de generar un poco de debate y por qué no, hacer un llamado a la reflexión tanto de los profesionales del medio digital como de los que buscan soluciones para sus necesidades dentro del mismo.

Para los profesionales latinoamericanos (los que ofrecemos nuestros servicios desde Centroamérica hasta el cono sur del continente americano), expandirnos y obtener respuesta positiva de mercados como el norteamericano, europeo o asiático es motivo de alegría ya que supone que nuestro trabajo está siendo visto y ponderado con buenos ojos para un target que para los buenos entendidos se antoja lucrativo y con un muy buen nivel de reto profesional, bueno, esa sería la historia de fantasía que todos esperamos poder vivir en éste medio, pero, ¿qué sucede si por el contrario fuésemos victimas de nuestra propia fantasía?

Hace un par de meses, recibí la llamada de una persona de origen europeo (prefiero no hacer mención a ningún país en concreto para no lastimar susceptibilidades), que en concreto necesitaba de mis servicios como desarrollador y Community Manager. Hasta acá todo excelente y por fortuna hago uso de ciertas herramientas que me sirven de marco protocolar tanto para atender clientes locales como extranjeros. Luego de conversar y analizar un poco los requerimientos de éste cliente potencial, se produjo un inesperado momento de sinceridad en donde simplemente dejó muy claro que buscaba profesionales del ramo en países latinos por los precios bajos, lo expongo textual: precios bajos.

Esto despertó mi curiosidad más que mi sensación de desencanto, ya que, para mí, esto guarda mucha relación con un tema del que pronto haré otro post (probablemente en varias partes) y tiene que ver con el mercado real de precios que existen en el mercado de servicios digitales de hoy en día, llegando a ser una verdadera montaña rusa para muchos y un tema que lo queramos o no sigue siendo tabú en muchos países.

Por eso lazo el siguiente cuestionamiento:

¿Estamos valorando realmente nuestro trabajo? o ¿Dejamos que otros lo valoren?

No importa si eres venezolano, colombiano, ecuatoriano, mexicano, chileno, peruano, boliviano, hondureño, costarricense, panameño, brasilero, uruguayo, paraguayo o argentino. Los invito a preguntarse:

  1. ¿Realmente obtenemos lo justo por nuestro trabajo y conocimiento aplicado?
  2. ¿Pones precios que profesionalmente te satisfacen?
  3. ¿Crees que existe un mercado de precios coherente para lo que hacemos?
  4. ¿Convivimos en un mercado justo y sanamente competitivo?
  5. ¿Con tal de ganarle a tu competidor más cercano, serías capaz de regalar tu trabajo por unos pocos centavos?

Mis respuestas para las preguntas 1, 3, 4 y 5 son evidentemente “NO”, la respuesta a la pregunta 2 es “SI”, por eso me negué a trabajar con éste “cliente potencial” ya que mis objetivos no comulgan con éste tipo de personas. Que vivas en un país con carencias no implica que regales tu talento, mucho menos que quieran aprovecharse de éstos factores para pescar en rio revuelto con tal de obtener más por menos (no importa si eres novato o un maestro Jedi del mundo digital). La realidad cada vez es más evidente y para mi concepto sigue creciendo en nuestras narices, ¿somos responsables de éste escenario?, puede que sí. Pero claro, es solo la humilde opinión de un servidor. Estamos viviendo en un escenario donde vale la pena cuestionarse y evaluar cada cierto tiempo si somos parte de un mercado de oportunidades o de oportunistas.

Y tú, ¿en qué lado del mercado estás? Espero sus comentarios.